21 febrero 2014

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INDIE REVIEW - DE ARRIBA, UN RAYO: DEATH PARADISE

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Death Paradise (Slimgiltsoul, Sam Kneeland)

Death Paradise es una aventura gráfica hecha enteramente con crayola en colores pasteles (aquellos con aversión al rosado, abstenerse), en la que habitamos la piel de un protagonista melancólico tratando de armarse de coraje para salir de su habitación. Nuestro personaje tiene una extraña afección: de su hombro crecen hongos, que cambian de color dependiendo de las drogas que ingiera.

A paso sedado y tranquilo, Death Paradise explora, y nos permite explorar (dos cosas diferentes), un mundo de proporciones variables habitado por animales consejeros y peluches severos, pero no de la forma en que aparecerían en una película de Disney.















Todo es lento, como intentar movernos a través de un jarabe espeso, pero no agobiantemente, sino todo lo contrario. Es liberante. Sacándose el peso tensionante que ponen otros juegos, con su énfasis en triunfar sobre el adversario y cumplir objetivos rígidos. Acá, no hay objetivos claros. Explorar el mundo, absorber la atmósfera, formularse preguntas y buscar sus respuestas son elementos de Death Paradise, pero no impuestos a la fuerza. Es una experiencia en la que cada persona debe extraer sus propias razones para seguir adelante.


















Técnicamente, el juego no tiene código o gráficos. Es una serie de páginas html con ilustraciones hechas a mano y muchos hipervínculos. La música está en una página aparte y se compone de sólo dos temas, pero ambos en perfecta sintonía con el resto del juego: cuevas de cristal, envenenadas con colores suaves y rebozando nostalgia por algo irrecordable. O quizás la parte que más nostalgia me provoca es que los cuadros de diálogo son robados de los primeros juegos de Pokémon. No sé, es un lenguaje visual que me llega.

En pocas palabras, Death Paradise es exactamente lo que necesitaba esta semana.

Death Paradise se encuentra aquí

De arriba, un rayo
Una columna semanal de juegos indie. Todos gratis, porque mientras sea de arriba, hasta un rayo viene bien.

Por Gonzalo Salinas @salsaman1991